Entre ecos que regresan del pasado y una lengua que respira monte y río, la novela ‘Una casa sola’ de Selva Almada despliega un universo donde la memoria, la violencia y la poesía se entrelazan en una narración de múltiples capas.
La autora, que ha construido una casa habitada por presencias —humanas y espectrales— que arrastran historias de explotación, desapariciones y luchas silenciadas en el litoral argentino, nos recibe en este encuentro para recorrer el origen fragmentario de su novela y reflexionar sobre la literatura que ha inspirado su trabajo.
La poesía, dice Selva, es un elemento fundamental en su escritura. ‘La poesía es un lenguaje que me permite hablar con la gente de mi provincia, de mi tierra’, asegura. ‘Es una forma de conectar con la tradición gauchesca, que es una tradición que me importa mucho’.
Y es que la tradición gauchesca, con sus cuentos y leyendas, ha sido un referente constante en la obra de Selva. ‘La literatura gauchesca es una literatura que habla de la relación del hombre con la naturaleza, con el monte, con el río’, explica. ‘Es una forma de hablar de la relación entre el hombre y el medio ambiente, y también de la relación entre el hombre y su propio interior’.
A partir de ahí, Selva nos lleva a su taller de escritura, donde conoció a su maestro, el escritor Laiseca. ‘Fue un encuentro crucial para mí’, recuerda. ‘Me enseñó a ver la escritura como un organismo vivo, no como una técnica. Me enseñó a respetar la narrativa, a no imponerla, a dejar que la historia fluya’.
La narrativa, en la obra de Selva, es un proceso de construcción de la memoria. ‘La memoria es un tejido que se va hilando a medida que vamos viviendo’, explica. ‘Es un tejido que se va tejendo con la experiencia, con la historia, con la tradición’.
Y es que la memoria es un tema central en la novela. ‘La memoria es un tema que me interesa mucho’, asegura Selva. ‘Me interesa porque es un tema que nos permite reflexionar sobre nuestra historia, sobre nuestra identidad, sobre nuestra relación con el pasado y con el presente’.
La literatura ‘de provincias’, según Selva, es un tema que le apasiona. ‘Me apasiona porque es un tema que nos permite hablar de la realidad que vivimos en nuestra provincia, de la realidad que vivimos en nuestra tierra’, explica. ‘Es un tema que nos permite hablar de la desigualdad, de la violencia, de la explotación, de las luchas silenciadas’.
Y es que la literatura, para Selva, es un compromiso político. ‘La literatura es un compromiso político porque es un compromiso con la verdad, con la realidad’, asegura. ‘Es un compromiso con la memoria, con la historia, con la tradición’.
La novela, en este sentido, es un acto de compromiso con la verdad y la realidad. ‘La novela es un acto de compromiso con la verdad y la realidad porque es un acto que nos permite hablar de la realidad que vivimos, de la realidad que nos rodea’, explica Selva.
En definitiva, la novela de Selva Almada es un acto de compromiso con la verdad y la realidad, un acto que nos permite reflexionar sobre nuestra historia, sobre nuestra identidad, sobre nuestra relación con el pasado y con el presente. Es un acto que nos permite hablar de la realidad que vivimos en nuestra provincia, de la realidad que vivimos en nuestra tierra, y es un acto que nos permite conectar con la tradición gauchesca, que es una tradición que nos importa mucho.